Mochilaman

Retro Mochilaman (El Dia de Cordoba)
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Retro Mochilaman (El Dia de Cordoba)
Martes 05 de Mayo de 2009 00:00

Aquella frase bíblica de "dar de beber al sediento" se hizo carne en Córdoba. Misericordia sin medida el domingo en el show de Lenny Kravitz. No sólo porque por primera vez vimos pulular por un concierto en estas tierras las famosas y festivaleras Mochilaman (salto cualitativo) con las que jóvenes universitarios expenden cerveza a pie de césped evitándote las colas, sino porque el propio Lenny se convirtió en el master de los mochileros para servir, con diligencia, amabilidad, sensualidad y cualidades de gurú, indecibles dosis de un repertorio que no estuvo llamado a pasar a la historia de la innovación, aunque sí de la convicción. Eran tragos gratificantes provenientes de su peculiar alambique, apropiados para todos los gustos, impregnados sin escrúpulo alguno de toda una herencia que se enraíza en las páginas más gloriosas de la historia del rock y sus vericuetos adyacentes, y que él como nadie hace desembocar y embaucar en el siglo XXI en un hábil ejercicio de marketing y prestidigitación.

La respuesta del público andaluz (y cordobés) a la llamada de Kravitz fue espléndida. Para los que ante su anunciada presencia derrochaban palabras faltas de fe, la respuesta de la parroquia fue tan clara como alentadora. Córdoba, que ya había pasado con cierta nota exámenes anteriores, superó la cita del domingo con brillante calificación, a la altura de unas circunstancias que dejaron pequeños los resultados de la noche anterior en Valencia, y que ojalá presagien nuevas y vistosas propuestas de la iniciativa privada, que debería cuidar algo más las esperas y la tacañería de accesos.

Tras unos entretenidos pero fugaces teloneros, Lenny se colgó la mochila después de hacer pesas en el gimnasio del IMD, y se erigió desde el primer acorde en egregio surtidor capaz de contentar a varias generaciones a base de una receta a primera vista sencilla, pero basada en una fórmula magistral articulada sobre algo más que retazos de acá e influencias de allá. Lennon, Prince, Hendrix, Wonder, Floyd y otros apellidos y marcas de brutal peso se intuían nadando en adecuadas proporciones dentro de su refrigerada mochila, mientras una banda altamente cualificada prestaba todas sus ganas para que el neoyorquino complaciera con garantías a una multitud que desbarraba ya sobre el césped en la segunda pieza, aunque por falta de pantallas no pudiera verle la cara.

Ni siquiera los desarrollos impredecibles de los temas, calcados de la actitud setentera, dotados de libertad creativa más allá de las partituras originales, camufladores de lo que los discos ofrecen, consiguieron ser obstáculo para disfrutar de un espectáculo que cautivó sin remisión. Baladas y medios tiempos hicieron suspirar, aunque me quedo con la impagable labor de la guitarra, tan personal que casi es más definitoria de lo que hay sobre el escenario que la voz del propio Kravitz. Recia y desbocada, surgía por entre la banda para erigirse en pivote sobre el que giraba casi todo en un ejercicio de protagonismo totalmente falto de soberbia. Su papel se me antoja lo único realmente original del show. El resto no dejó de ser un gran alarde de corta y pega digno del mejor de los magos, que no es ejemplo de ninguna modernez: la veintena de temas que Lenny escogió para servirnos desde su mochila se nos revelaron absolutamente retro. La propia estética de banda y escenario, a pesar de las últimas tecnologías, evidenciaban las bases de una alimentación basada en añejos caminos y memorables texturas, eso sí, transfiguradas hacia una nueva dimensión que sirve ahora de nutriente para un público rendido a su pies. Bueno, a su mochila.

Ángel Vázquez | Actualizado 05.05.2009 - 05:00   El Dia de Cordoba
Última actualización el Jueves 15 de Abril de 2010 12:46